¿Es
éso una pared?, ¿acaso es un enorme obstáculo, el cual me separa de la
libertad y de la felicidad? Pues, bueno. ¡Acepto el reto! Esta enorme
pared, no va a poder conmigo. Solo es piedra, densidad, asfixia e
impedimento. Y al otro lado de dicha pared, está la sorpresa de mi vida.
Es mi obligación romper esa pared. Hacerla añicos. Sí. Parezco un David
frente a un Goliath majestuoso y vencedor. Pero soy muy tozudo. Lo
voy a lograr.
¿Véis
este martillo? Este martillo, es duro y potente. Y además, la
herramienta de mis deseos más naturales y básicos. Temo, que me salgan
llagas en las manos, del roce y de la fuerza de los impactos. Pero debo
dejar los temores atrás.
Acabo
de coger dicho martillo. Me invade una enorme emoción y expectativa.
Voy a darle el primer golpe, a la pared que no me deja vivir. Voy a
hacerlo, suave; levemente. Como en una advertencia hacia un enemigo, que
aguardara consistente y confiado.
¡Ya!
Ya está. He toqueteado la pared con el martillo. Os aseguro que no está
hueca. Por todo lo contrario, el sonido es severo, denso y como
imbatible. Mas, ¡voy a continuar! Y además, con estrategias. Porque si
lo doy todo, toda mi energía en los primeros envites, empezaré a notar
el hachazo psicológico de la desmoralización. De modo, que seré budista
frente a la piedra vertical. Jugaré con su superficie y con su piel,
y me ganaré su confianza perforadora. Le iré quitando paulatinamente,
cimientos y sostén, pero con suavidad y con toda la sutileza.
Sí.
Es una piel inicial. Necesito algo más que un martillo de golpe plano.
Tomaré algo inciso. Unos clavos, me van a ayudar a destrozar esa pared
que me tiene preso de tristeza.¡Y de ira!...
Ya
saltan pequeñitos trozos de tierra. Estoy desmenuzando la piel de la
pared. Ya puedo jugar en círculos sobre ella. Ahora, voy a darle de
nuevo con el martillo. La pared empieza a ceder. Estoy totalmente
convencido de que este muro caerá.
Lo
que no sé, es cuándo. Ya no soy un niño, y la pared requerirá años
para ser batida. ¡Necesito ayuda! Y no solo, la del martillo y
los clavos. Sí. Lo que necesito es más gente que me ayude a combatir mi
pared. Pero, han de confiar en mí, y creer que mi pared enemiga puede
desvanecerse.
He
de convencerles de que se puede. De que podemos entre todos. De que es
básico que esa pared se vaya al carajo. Sí. Les voy a seducir con
argumentos, hechos y pruebas. Y seremos cien, y mil, y muchos miles. Y
todos, al unísono, cantaremos la misma canción de mi libertad. Adiós,
pared. Pronto serás solamente una pesadilla del pasado.
¡Y LOGRARÉ VIVIR!

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